De que se viene, se viene
Es inevitable. El que esto escribe tiene una concepción mediática de las décadas pasadas, a pesar de haber vivido plenamente las últimas. Y es que cuando hablamos de los 70, inmediatamente pienso en pantalones acampanados y música disco, a pesar de que no usé unos ni bailé la otra. Y de los 60, en lugar de pensar en empleados de saco y señoritas de traje sastre en trabajos muy rutinarios, juntando para la jubilación, pienso en hippies desmadrosos ahogados en LSD. Y precisamente cuando recuerdo la famosa caricatura Ahí viene cascarrabias (famosa entre los casi cuarentones como yo), me imagino un sórdido cuartucho lleno de posters de Jimi Hendrix y maloliente a pachulí e incienso. Tirado en medio del cuarto está un güero drogadísimo que el siguiente mes empezará a sacarse los dientes con pinzas. Después de horas de inmovilidad sumergido en un viaje de misticismo cuasi animalesco, el antipático gringo se desamodorra, se dirige a su máquina de escribir, y metódicamente, con una disciplina espartana, describe su trip en el capítulo de una serie en la que jamás se encontrará una misteriosa Cueva de las Orquídeas Susurrantes.
Ahí viene Cascarrabias sin duda es más que una simple serie animada. Detrás de una sexófora princesita, un adolescente menso y una mascota indefinible de móvil nariz, se esconde todo el espíritu de una década de amor, paz... y muchas y muy floridas drogas. La influencia de éstas en la cultura popular explica la estética y dinámica de la serie: un amargado Cascarrabias sumerge en un sueño rarísimo el feliz reino de la Princesa Amanecer. Esta sabrosa chiquita de blonda cabellera y ridícula coronita se une a Terry Dexter, un adolescente gringo que aún no ha sido invadido por el torrente hormonal propio de la edad. Junto a Bib, la mascota de la Princesa, abordan un extraño carro equipado con increíbles artilugios, y que además se puede convertir en un globo salido sin duda de la canción Up up and away de The Fifth Dimension.
Buscando la Tierra de las Mil Cuevas, este trío pasará mil aventuras en reinos misteriosos que dejarán chiquito al País de las Maravillas de Alicia. Y para darle sabor al caldo, el famoso Cascarrabias los perseguirá montado en su torpe dragón, que tiene la mala costumbre de estornudarle encima, lo que siempre le llevará a exclamar: ¡Estúpida sabandija! Dicha sabandija, además de volar, también tiene la sana costumbre de obedecer en el acto a su amo, así que en cuanto éste le dice ¡alto!, el dragón de marras se para, haciendo a Cascarrabias deslizarse a través de su lomo y tropezarse con sus escamas antes de caer. Es decir, las situaciones cómicas de la serie serían muy parecidas a lo que hubiera dicho Tolkien saliendo borracho de la universidad donde daba clases.
No crea que mencionamos al padre de El señor de los anillos al azar. Ahí viene cascarrabias maneja muchos elementos tolkianos: los reinos imaginarios perfectamente limitados y poseedores de habitantes específicos, la magia subyacente en cada episodio y la sensación de unidad temática que cada capítulo presentaba, que al igual que las obras del creador del Silmarillion, no tenían un final bien definido, sino que se encadenaban, sin seriación, en una lógica completa. Lógica, obviamente, propia del delirio adulto o de la fantasía infantil, lo que hacía de Ahí viene cascarrabias un producto perfecto para los niños latinoamericanos que vimos la serie en los muy tempranos 70. Los niños gringos ya habían disfrutado de los 34 episodios entre el 6 de septiembre de 1969 y el 4 de septiembre de 1971 en NBC.
El talento de la serie original mostraba la fuerza cerebral y financiera de los talentosos y veteranos animadores Isadore "Friz" Freleng y su socio David Hudson DePatie, creadores también de la inolvidablemente idiota Pantera Rosa. Las voces originales quedaban a cargo de Jay North (Daniel el travieso), Stefanianna Christopher y el experimentado Rip Tay-lor como Cascarrabias. Juan Antonio Edwards, Olga Donna-Dío, Rubén Medel y Polo Ortín le daban la magia auditiva a la emisión latinoamericana. Y la magia visual se la daban reinos de zapatos, flores cantarinas, entes invisibles y cuanto ser fantástico ustedes quieran agregar, todos ellos dispuestos a hablar mucho de sí mismos, pero muy poco de la Cueva de las Orquídeas Susurrantes y la famosa Llave de Cristal, que finalmente es lo que la Princesa y Terry buscaban. Esa forzada odisea más bien nos hartó, pero nos permitió encandilarnos con un dragón entrañable y un viejo ridículo, que finalmente eran los que más madurez mostraban en la serie.
Disponible en DVD con doblaje y con todos los episodios, Here comes The Grump sin duda nos hizo soñar, y su sugerente princesita para algunos más grandecitos fue su primera musa onanista (para mí no, yo era muy sano). Y analizándola actualmente, la caricatura Ahí viene Cascarrabias nos muestra una metáfora muy clara de cómo se sentían los que optaban por la liberalidad en los 60: perseguidos por gruñones censores que no podían permitir que la psicodelia cumpliera lo que había ofrecido: la expansión de la mente. Por ello, en todos los episodios, Terry y la Princesa Amanecer huyen de un moruno vigilante que no permite que se encuentre la libertad en forma de Llave de Cristal. Y a través de su periplo, todos los personajes tendrán la oportunidad de reencontrarse a sí mismos e incluso en un capítulo, experimentar el amor gracias a unos extraños polvos que hacen caer hasta al mismísimo Cascarrabias. Por cierto: ¿por qué cuando estaban bajo ese influjo, Terry no se cogió a la Princesa? Es pregunta.
Porque no es verdad, no es verdad, que hayamos venido para vivir la realidad.
Decretado por Mictlantecuhtli ::
18:02 ::
0 Reverencias y Oraciones:

Has tu reverencia y oración
