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::El mundo de los muertos::
Currículum El cuento es muy sencillo, usted nace, contempla atribulado el rojo azul del cielo, el pájaro que emigra, el torpe escarabajo que su zapato aplastará valiente.Usted sufre, reclama por comida y por costumbre, por obligación llora limpio de culpas extenuado hasta que el sueño lo descalifica. Usted ama, se transfigura y ama por una eternidad tan provisoria que hasta el orgullo se le vuelve tierno y el corazón profético se convierte en escombros. Usted aprende y usa lo aprendido para volverse lentamente sabio para saber que al fin el mundo es esto, en su mejor momento una nostalgia, en su peor momento un desamparo, y siempre siempre, un lío. Entonces... Usted muere.
Porque no es verdad, no es verdad, que hayamos venido para vivir la realidad. De que se viene, se viene Es inevitable. El que esto escribe tiene una concepción mediática de las décadas pasadas, a pesar de haber vivido plenamente las últimas. Y es que cuando hablamos de los 70, inmediatamente pienso en pantalones acampanados y música disco, a pesar de que no usé unos ni bailé la otra. Y de los 60, en lugar de pensar en empleados de saco y señoritas de traje sastre en trabajos muy rutinarios, juntando para la jubilación, pienso en hippies desmadrosos ahogados en LSD. Y precisamente cuando recuerdo la famosa caricatura Ahí viene cascarrabias (famosa entre los casi cuarentones como yo), me imagino un sórdido cuartucho lleno de posters de Jimi Hendrix y maloliente a pachulí e incienso. Tirado en medio del cuarto está un güero drogadísimo que el siguiente mes empezará a sacarse los dientes con pinzas. Después de horas de inmovilidad sumergido en un viaje de misticismo cuasi animalesco, el antipático gringo se desamodorra, se dirige a su máquina de escribir, y metódicamente, con una disciplina espartana, describe su trip en el capítulo de una serie en la que jamás se encontrará una misteriosa Cueva de las Orquídeas Susurrantes.
Porque no es verdad, no es verdad, que hayamos venido para vivir la realidad. Mis prisiones Sentirse solo en medio de la vidacasi es reinar, pero sentirse solo en medio del olvido, en el oscuro campo de un corazón, es estar preso, sin que siquiera una avecilla trine para darme noticias de la aurora. Y el estar preso en varios corazones, sin alcanzar conciencia de cuál sea la verdadera cárcel de mi alma, ser el centro de opuestas voluntades, si no es morir, es envidiar la muerte.
Porque no es verdad, no es verdad, que hayamos venido para vivir la realidad. Tardes de tele Dice Joaquín Sabina que no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió. Algo similar me ocurre cada tanto al evocar los años de la infancia. Y sin embargo... sí sucedió, ocurrieron muchas cosas, como viajar junto con el capitan Kirk y el Señor Spock a mundos desconocidos; conocer la selva al lado de Tarzán o Daktari; recorrer parte de Australia al ritmo de los brincos de Skippy, y también, cada tarde, enfrentar amenazas extraterrestres dándole todo mi apoyo a Hayata para invocar a Ultraman.Lo que sí nunca jamás sucedió fue tener en mis manos un muñequito famoso por esos años: el Kid Acero. Pese a las insistentes peticiones a los reyes magos, pese a los lloriqueos y pataletas claro, hasta que un buen manazo aplacaba esas quejas, el dichoso monito no fue parte de mis aventuras infantiles. Ni modo, esa falta fue reemplazada con tardes memorables frente al televisor. Algunas de mis series favoritas se crearon en 1966, aunque por supuesto fueron mi deleite ya en los 70 y la principal, la que más emoción me provocaba era sin duda Ultraman y más tarde Ultraseven. Sin embargo, a veces me pregunto cómo veía tanta tele si en casa sólo teníamos una televisión y mi mamá hacía valer su autoridad y ejercía el monopolio, no del control remoto porque aquella Silverstone carecía de él, pero sí de la perilla que se instalaba invariablemente en el 2 para dar seguimiento a toda la barra de telenovelas. Esa incógnita persiste y quizá sólo pueda ser despejada por el equipo que comandaba Jim Phelps. Ya me imagino: como fondo el tema de Lalo Schiffrin mientras instruyo: "Jim, tu misión, si decides aceptarla..."; y una vez que el bueno de Peter Graves asuma esa chamba, terminaré con aquello de "este mensaje se autodestruirá en cinco segundos". La serie Misión: imposible y sus personajes, por supuesto, tenían encomiendas de mayor envergadura. Era la época de la guerra fría, de los agentes secretos y este comando tenía de todo (un especialista en electrónica, un musculoso que aportaba la fuerza, un experto en disfraces o la agente femenina versátil y hermosa) y su misión, siempre, era eliminar cualquier peligro que amenazara al "mundo libre" y que, por lo regular, estaba detrás de la cortina de hierro. La serie se emitió de 1966 a 1973; en 1988 se hizo una nueva versión en la que también participó Peter Graves y ha dado pie a tres películas intrepretadas por Tom Cruise. Pero no sólo estaba la disputa Este-Oeste en el monitor. Bien equipado con mis zapatos Exorcista o Vagabundo de Canadá (que anunciaban, respectivamente, Chabelo y el "Loco" Valdés), con pantalones Los Atrevidos de Ray-Tom, Topeka o Yale y las playeras, si la autoridad familiar lo permitía y daba para comprarlo, de una gelatina Art, Banderillas Bimbo, Twinky Wonder o alguna otra golosina, disfrutaba también de Tarzán interpretado por Ron Ely (ni modo, no me tocó la época de Johnny Weissmuller). Esas aventuras que la imaginación de Edgar Rice Burroughs suponía en áfrica, para esta serie fueron grabadas primero en Brasil y luego en México, incluyendo, claro, el bosque de Chapultepec. Y ya metido en esos ambientes selváticos interrumpidos sólo por la gracejadas de la Calaca Tilica y Flaca que reconvenía a aquellos que se chupaban el dedo a través del Canal 8 o con las presentaciones de Pancholín y Salchichita junto al Tío Gamboín en el 5, Daktari era una serie infaltable. Cómo no recordar a Clarence el león bizco, a la chimpance Judy y su compañero Toto que convivían con el veterinario Marsh Tracy (según los productores "daktari" significa doctor en la lengua swahili) que no sólo se dedicaba a curar a los animales heridos, también luchaba con los cazadores furtivos, las plagas y enfermedades o las tribus hostiles. Esta serie surgió tras el éxito de la película Clarence the cross-eyen lion (1965), y se rodó íntegramente en áfrica de 1966 a 1969. Aquella fue una época en la que muchas veces los animales eran protagonistas: Lassie, Flipper, Mi oso y yo, Mister Ed, Maya la elefanta... y por supuesto, Skippy. Esta serie narraba las aventuras de este canguro que fue adoptado por Matt Hammond (guardabosques de un parque nacional de Australia) y que se hace inseparable de su hijo Sonny. En los diferentes episodios Skippy ayuda a proteger la fauna de los cazadores y contrabandistas y salva a mucha gente de los peligros que acechan en la reserva natural. La serie consta de 91 episodios, se rodó entre 1966 y 1968. Y antes de saltar hacia el infinito y más allá con los Thunderbirds, en el Enterprise de Viaje a las estrellas, o enfrentar monstruos con el inigualable Ultraman, había cosas más mundanas que nuestras madres debían atender de los comerciales, y alguno que otro en el que uno creía que lo sacaban a balcón como ese de "Juanito, quién crees que lava la ropa... Hoover, mamá". Otro que era muy cruel pero divertidísimo y que todo mundo nos sabíamos era el de "Estaban los tomatitos, muy contentitos, cuando llegó el verdugo... a hacerlos jugo. Qué nos importa la muerte... dice el más fuerte, si muero con decoro para los productos Del Fuerte". O aquel que en esos tiempos en que lo políticamente correcto importaba un pito y segregaba a los hombres que gustan de la cocina: "Para nosotras las mujeres... Ekco".Y bueno, cuando Lupita Ferrer, José Bardina, Ricardo Blume, María Rivas o Saby Kamalich eran los amos de los rayos catódicos, no quedaba mucho que hacer pues mi santa madre no me dejaba salir a la calle a jugar (aunque siendo sincero, también vi muchas telenovelas y por supuesto, la que más me gustó fue Mundo de juguete), así que si quería seguir disfrutando de mis programas preferidos recurría al View-Master, aquel aparatito que también alquiliban a la salida de la escuela. Y antes de ir a merendar chocolate Express (el del trenecito) y saborear unas relledonas Wonder (¿pero cómo las rellenan?), resultaba infaltable tararear "Vamos a la cama, que hay que descansar, para que mañana podamos madrugar!" con los entrañables miembros de La Familia Telerín: Cleo, Teté, Maripí, Pelusín, Coletas y Cuquín.
Porque no es verdad, no es verdad, que hayamos venido para vivir la realidad. |